jueves, 30 de junio de 2011

De las lluvias y otros recuerdos...

Hay personas a quienes en algún momento de la vida les entregué una parte de mi, a quienes amé con todas mis fuerzas y se convirtieron en parte importante de mi y con quienes pasé momentos que atesoro y de vez en cuando me gusta recordar y aún y cuando ha pasado el tiempo y esas personas ya no forman parte de mi vida, los instantes que me dieron los valoro inmensamente. Me resulta imposible odiar eternamente a una persona por haber pasado algún trago amargo durante su compañía, llega un momento en que todo el dolor desaparece y surgen las vivencias que valieron la pena; y aún y cuando tuvieras a esa persona enfrente queriendo empezar de nuevo, sabes bien que no lo harías a menos que el Alzheimer te atacara y borrara el aprendizaje que te dice que no cometas los mismos errores.

Estos dias lluviosos me traen uno de los pocos recuerdos agradables que involucran lluvia en mi vida, fue hace aproximadamente 13 años que iba camino a mi casa acompañada de mi entonces pareja, nada importante sucedía pero de pronto comenzó a caer una lluvia torrencial de esas que provocan inundaciones y para nuestro infortunio no traíamos dinero para tomar un taxi, corrimos a lo largo de 3 cuadras buscando dónde cubrirnos de la tormenta pero ningun techo minúsculo era suficiente y ya estábamos empapados por lo que ya no tenía sentido seguir corriendo y seguimos caminando unas 8 calles más. Justo dos esquinas antes de llegar a mi casa encontramos 15 pesos tirados en la banqueta, a los pocos segundos después de haberlos recogido del suelo quedó solamente una ligera brisa, el sol comenzaba a asomarse entre las nubes y un arcoiris se formaba lentamente a lo lejos, nos miramos mutuamente, nos escurría agua por todo el cuerpo y no podíamos parar de reír.

Es uno de los muchos recuerdos que tengo de alguien que formó parte de mi vida por algunos años y, como cualquier ciclo, tuvo su fin; las circunstancias nos alejaron y a pesar de no saber nada de él durante 8 años, espero que el camino que tomó haya sido el mejor para él y aún y cuando pasen muchos años más, el amor y en su momento el odio que alguna vez sentí se convirtieron en cariño sincero y no puedo dejar de agradecerle en mi mente y recordarlo cada vez que veo a mi hijo sonreír.

Gracias Cristian por haberme dejado lo mejor de ti.

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